Confesión
Es mi amiga. Sí, hermosa, no solo físicamente sino intelectual y espiritualmente. Confieso que lo primero que me enamoró fue eso, su alma entre la inocencia y curiosidad, entre su mirada abierta y su forma compleja de hilar las cosas. Me vi frente a ella, con la fascinación que un hombre puede admirar en una mujer. Bella, hermosa, decidió que entre todos fuera yo su amor, no cualquiera sino el amor que engloba amistad, deseo, erotismo, solidaridad, colaboración, respeto, una compañera de vida que va más allá de las convenciones culturales de novia, esposa, amante. Ella en su magnificencia es todo esto y aún más.
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